bebe, madre

Lo que trajo mi hijo debajo del brazo…


Buenos días, hace unos días estaba pensando que el tiempo pasa, y pasa muy rápido y todo lo que un hijo trae, en nuestro caso como dice el dicho “un niño trae un pan debajo del brazo”, el mío no precisamente pan, pero si otras cosas.

Paciencia infinita, si, jamás pensé estar con él más de un hora por la noche intentándolo dormir, tira el chupe, se quiere bajar de la barandilla, pide los coches, pide el agua, me da patadas, puñetazos, vamos un no parar, y ahí está mama, dándolo todo, cantando lo que se acuerda mientras mi niño me dice no, canto otra y tampoco le gusta, y pienso dios mío cuanta paciencia hay que tener con ellos.

A raíz de estudiar magisterio y sobretodo empezar las prácticas, porque como pasa como cuando te sacas el carnet del coche, que sí que tienes que aprobar el teórico, el tipo test, esas preguntas trampas, que te hacen dudar, pues la práctica es muy diferente, y aunque lleves la teoría muy bien aprendida, sepas las señales, las preferencias, y todo lo demás no tiene nada que ver.

Cuando empecé las prácticas como os contaba descubrí el mundo maravilloso de la infancia, lo bonito que es enseñar, lo bonito que es verlos crecer, y que aprendan lo que le enseñas, que te llamen “seño”, que estaba encantada vamos.

Cuando empiezas a trabajar y te ves con 12 niños de 1 año reclamándote, empiezas a ingeniar estrategias, para que te hagan caso, para que hagan el tren, para que aprendan a recoger, y tantas cosas, hay empecé a desarrollar mi paciencia, y es que a veces tienes que contar hasta 10, para no enfadarte y con mi niño, se ha multiplicado por mil, porque claro, no es lo mismo mama, que ser la seño, y es que quieras que no, los niños cambian cuando están en casa a cuando están en la guardería o en el colegio.

Mi niño me torea directamente, y es que ya desde que vinimos de tierra de nadie, lo pasamos a su cama, y bueno se despertaba por la noche, llorando, o llamándonos, o pidiendo agua, pero llegó diciembre, y entre el frio, y que no se quiere tapar, que se puso malito, decidimos hacer colecho, vamos o lo que es lo mismo que duerma con nosotros en la cama.

Y es que ya está muy grande y se atraviesa en la cama, así que llevamos una semana, intentando que duerma en su cama por la noche, aunque a medianoche tengamos que llevárnoslo a la cama grande, y mi paciencia se multiplica por un millón porque lo primero que no quiere irse a dormir, y luego lo que me torea y que empieza a decirme allí, mama allí, y yo le digo si ahora después, las siestas si las hace en su cama y sin problema, en menos de 15-20 minutos se duerme sin enfadarse ni llorar.

Y lo segundo que ha traído mi príncipe es un amor puro y verdadero hacía él, un amor protector, que me duele hasta que le roce el aire, cualquier cosa, tropieza o se cae, y me entran ganas de llorar igual que él, ¿os pasa también ha vosotras?

Además últimamente me ha dado por pensar que cuando tenga un segundo bebe, ¿lo querré igual?, ¿cómo se sentirá mi hijo?, ¿tendrá celos?, ¿se sentirá desplazado?, tengo mucho miedo, a veces me pregunto si no tener más hijos, y darle todo lo que tengo a él, yo soy hija única, y he sido una niña feliz, he tenido de todo, no he sentido que me hiciera falta un hermano, aunque lo pedía, a ver a mis compañeros de colegio, pero tenía primos con los que jugar, y amigos para jugar en la calle o en el colegio.

En el fondo se que un hermano le va a venir genial, en todos los sentidos, para vivir con un niño o niña, poder compartir todos los momentos, jugar, pelearse, ir al parque, quererse, darse besos, mi niño es cariñoso, cuando vamos a la calle, saluda, tira besos con la mano, y cuando va al parque se vuelve loco, le encanta arrimarse a los niños o niñas y tocarlos, jugar con la tierra o las piedras, sé que es lo ideal, pero es tan pequeño, que ya cuando lo tenga no sé si lo pasará bien o mal, tengo mucho miedo al respecto.

Por eso, mama o futuras mamas, si has tenido la suerte de que tu hijo o hija es un bendito que duerme genial por las noches, no se despierta y duerme del tirón, te puedes sentir afortunada, a mi me ha tocado desarrollar mi paciencia, hasta límites que no sabía ni que existían pero al verlo dormir, tocar su cara, sus manitas se me olvida todo, y fluye en mí ese amor incondicional, único, e infinito hacía él.

Gracias por leerme, mil besos.

 

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4 thoughts on “Lo que trajo mi hijo debajo del brazo…”

  1. Las noches que Pitufin duerme del tirón (que son muy, muy pocas), o en las que solo se despierta una vez son una bendición para mí. Y tienes razón a veces nos las vemos y nos las deseamos para que se duerman, y eso agota la paciencia a cualquiera pero por ellos tenemos que estar al pie del cañón aún teniendo nosotras más sueño que ellos.

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